Notas sobre la pasión por el fútbol

‘Es el folklore del fútbol nuestro’, me dice un conocido con el que cruzo algunas palabras sobre el hincha argentino.

Ese folklore que tanto reconocemos como país futbolero, es el que nos identifica a nivel mundial cuando se pregunta ¿Quiénes son los más apasionados en el fútbol?, y claro, siempre los argentinos entramos en esa lista.

‘Yo no puedo creer que se vuelvan locos por ver veintidós boludos detrás de una pelota’, dice uno por ahí que expresa su rechazo al fútbol claramente.

‘Son 22 millonarios en calzoncillos corriendo detrás de una pelota’, describió el gran Borges alguna vez…

Más rápido y astuto estuvo Dolina, quién retrucó: ‘decir que el futbol consta de 22 hombres corriendo detrás de una pelota, es como decir que la obra de Faulkner consiste en 2 litros de tinta y 3 kilos de papel…’

La pasión y el fanatismo no poseen una estructura determinada en la cuál alguien pueda medir o sacar conclusiones. Es imposible discutir con el fanático si éste no se abstrae de su posición y logra ver más allá de lo que sus anteojeras le permiten.

Cuando el fanatismo se convierte en necedad, el intercambio de ideas se vuelve sin sentido.

Después sale publicado en ese monstruo que es Internet, el video de un hincha de River insultando a al aire, explotan los medios de comunicación, las redes sociales, los blogs, y demás. Todos muestran a un tipo loco y desenfrenado viviendo un partido de fútbol. Lo tomamos para la broma, nos reímos un rato… después algunos calzan el traje de intelectuales, y dicen estar en contra y alarmados de semejante locura.

¿Sabés cuál es la diferencia entre el Tano Pasman y yo? me pregunta un amigo, ‘que a mi no me filmaron’. Quizá fue la frase más perfecta de todas para resumir en algún punto esa manera tan particular de ver el fútbol nuestro.

Un fútbol donde los resultados tienen que ser ya y ahora, y así se derrumban los proyectos, las planificaciones. Todo ahora, todo al instante. Donde sobra cartón pintado, eclipsan a los simpatizantes con torneos y logros efímeros para tapar desastrosas dirigencias.

‘Sí, todo lo que quieras con las ideas de Lorente, pero yo con López salí campeón, con López dimos la vuelta’, confiesa un simpatizante leproso. Ésta es la polaroid de lo que generan en muchos casos la abrumadora presión de los medios de comunicación sobre este deporte.

Muchas aves de carroña sobre vuelan el lugar tratando de encontrar muertos para poder alimentarse, y cuando los muertos no aparecen, los inventan.

Si bien suena algo paradójico utilizar un medio para criticarlo, tengo la absoluta convicción de que el periodismo deportivo y sensacionalista del que consumimos todos los argentinos, es el gran responsable de muchas de las complicaciones que vive nuestro fútbol.

Hablemos de violencia

El 27 de octubre de 1946, jugaban Newell’s Old Boys y San Lorenzo en Rosario, El partido estaba igualado. Los locales convirtieron. Cossio lo anuló. Los ánimos desbordaron en furia y estallaron cuando, en la jugada siguiente, San Lorenzo anotó el tercer gol. Antes de que termine el partido, los hinchas invadieron la cancha. El árbitro intentó escapar. No pudo. Lo golpearon hasta el hartazgo e intentaron ahorcarlo con su propio cinturón

El 7 de abril de 1985, una bala de la policía se escapa en medio de una pelea entre hinchas de Independiente y Boca. Adrían Scaserra perdió la vida. Tenía 17 años.

Fue un 7 de abril de 1994, luego de un Boca-River. ‘El Abuelo’, tentado por comentarios que decían que “estaba viejo, que ya no tenía fuerza para comandar a una masa tan grande” decidió mostrar su vigencia: planeó una emboscada. Su “Fuerza de Choque” esperaría a que pase un camión con un grupo de hinchas de River y lo atacarían a balazos. Dos hinchas millonarios muertos.

Sobran ejemplos de enfrentamientos de barras. Mafiosos financiados por su mismo club, encargados de apoderarse la de tribuna popular de su equipo. Señores dueños del derecho de no pagar entradas y manejar desde el ingreso de la gente al estadio hasta pases de jugadores.

‘Los barras y los hinchas violentos son la enfermedad del fútbol’, leí en algún titular después de que una fracción de Los Borrachos del Tablón se enfrentó entre sí en la vía pública.

La muerte y la violencia venden. El sensacionalismo es uno de los sectores más beneficiados con este tipo de sucesos.

Debemos tener en cuenta que algunos medios sancionan moralmente a las barras, pero al mismo tiempo fomentan esa “cultura de la pasión” y fueron/son cómplices de las dirigencias más corruptas.

Días más tarde, Argentinos Juniors perdía su lugar en la Copa Libertadores de la mano del club brasilero Fluminense. Jugadores y cuerpos técnicos de ambos equipos pusieron el broche final al partido repartiendo golpes e insultos en el campo de juego. Bochornoso. ‘los argentinos no saben perder, los brasileros no saben ganar’, explicó un periodista resumiendo lo sucedido.

‘Incidentes en el partido de Argentinos Juniors tras su eliminación de la Copa Libertadores’, los títulos de los diarios le daban toda la portada a la violencia.

Señores de corbata y traje sentados frente a una cámara de televisión, detrás de un micrófono, o con una lapicera en la mano, dejaron escapar una catarata de críticas y reproches frente a lo sucedido.

Que bien, que gente superada. Si todos fuéramos periodistas, no existiría la violencia en el fútbol.

El 20 de abril del 2011, se enfrentaban Vélez y San Lorenzo en la Bombonera. Luego de incidentes en el partido que se había empezado a jugar en Liniers, la justicia determinó que sería a puertas cerradas y en cancha neutral. Sólo asistieron periodistas partidarios.

‘Incidentes entre periodistas en el partido de Vélez – San Lorenzo jugado en la Bombonera’, los titulares otra vez a los gritos entre las miradas de los lectores.

Entonces, la señora violencia sacó a bailar a los hinchas, a los barras, a los jugadores y a los periodistas: quizá sea una cuestión bastante más profunda que solamente ‘patear una pelota’, mientras no podamos preguntarnos y responder esto, seguiremos bailando con ella, la más fea de todas.

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